Manejo Integrado de Plagas (M. I. P.)
El manejo de Plagas (M. I. P.) es un sistema de selección de técnicas de control integradas en una estrategia de manejo. También se lo define como un “sistema de regulación de plagas, que teniendo en cuenta su hábitat y la dinámica poblacional de las especies consideradas, utiliza todas las técnicas y métodos apropiados compatibilizando al máximo su interacción con el objeto de mantener las plagas en niveles que no originen daños económicos”.
Está basado en análisis de costo/beneficio y tiene en cuenta los intereses de los productores, la sociedad y el ambiente.
En comparación con el manejo tradicional, en el Manejo Integrado de Plagas se tiende a usar menos agroquímicos y reducir el número de aplicaciones de plaguicidas. Dependiendo de la plaga de que se trate se puede realizar biocontrol, lo que implica, entre otras cosas, la suelta de insectos benéficos.
En el M. I. P. es fundamental el monitoreo (de plantas, trampas, etc..), conocer umbrales y niveles de daño económico, conocer el ecosistema, disponer de técnicas de Control biológico, el uso de variedades resistentes, implementar técnicas culturales y otras basadas en principios biológicos y el control químico, como último recurso.
MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS Y ENFERMEDADES
(Criterios de Comercio Justo: 3.2 Desarrollo Ambiental- Producción)
La FAO conceptualiza actualmente el manejo integrado de plagas como “la cuidadosa consideración de todas las técnicas de control disponibles y la subsecuente integración de medidas apropiadas que desalienten el desarrollo de poblaciones de plagas y mantengan el uso de pesticidas y otras intervenciones a niveles económicamente justificados y reducidos o minimizados los riesgos a la salud humana y el ambiente. El MIP enfatiza en el crecimiento de un cultivo saludable con la menor disrupción posible hacia el agro-ecosistema y alienta los mecanismos de control natural de plagas” (OMS/FAO, 2015).
¿Por qué hacer MIP?
Existen muchas razones por las cuales se debe implementar un sistema MIP en un cultivo. Estas se pueden agrupar en motivaciones económicas, sociales y ambientales.
- Económicas:
- Menor gasto de insumos sintéticos.
- Ajuste de gastos a programas de aplicación racionales.
- Mejora en la relación costo/beneficio del cultivo.
- Ambientales:
- Protección de fuentes de agua.
- Protección de organismos benéficos.
- Disminución en la contaminación ambiental por la deriva de agroquímicos.
- Sociales:
- Menor riesgo para la salud humana.
- Mejora en la percepción de bienestar en las comunidades donde se da la producción.
- Protección del trabajador.
Aparte de las anteriores, cada agro-ecosistema y cada productor podrán encontrar otras razones y ventajas para implementar MIP dentro de su cultivo.
¿Cómo se hace MIP?
El Manejo integrado se inicia con el conocimiento de las plagas y enfermedades por parte de los agricultores y los técnicos agrícolas o extensionistas. Conocer con detalle el agente causal de una enfermedad o un insecto es la clave para determinar las estrategias de control a implementar. Estos conocimientos deben buscarse ya sea mediante la observación, la experimentación, o la consulta con expertos.
El proceso para establecer el MIP consta de cinco etapas, cada una con igual importancia. La primera es una etapa de prevención, donde se establecen medidas que busquen que la plaga o la enfermedad no se establezcan dentro del cultivo y que éstas no encuentren un ambiente adecuado para su reproducción y diseminación.
Una vez que se comprueba la presencia de la plaga o el agente causal de la enfermedad se debe establecer un sistema de monitoreo que permita conocer los niveles de presencia. Acá es importante hacer uso de los umbrales de daño económico que han sido establecidos por los expertos o los que se han determinado con base en la experiencia del agricultor.
Los datos del monitoreo son la base del proceso de toma de decisiones. Es en este paso donde se decide qué estrategia de corrección se puede aplicar en el caso de que los umbrales hayan sido sobrepasados, o en caso de que se tenga evidencia para la predicción e importantes daños en el cultivo.
La intervención corresponde con la serie de actividades de control que se hacen para que el nivel de la plaga o la incidencia de la enfermedad vuelvan a estar bajo el umbral de daño económico. Dependiendo de estos niveles la intervención debe ser más o menos rigurosa. Es importante mencionar que la intervención puede contemplar el uso de agroquímicos, pero que ésta no es la única herramienta disponible.
El último paso es la evaluación de la efectividad de las medidas de intervención realizadas. Generalmente se realiza un nuevo monitoreo para determinar el éxito de las actividades de control ejecutadas. Esta etapa de verificación determina si se deben realizar nuevas medidas de control o se regresa a las medidas de prevención.
¿Cómo realizo el Control Químico?
Con respecto al control químico, tener en cuenta que:
- No se deben hacer aplicaciones de insecticidas sólo basadas en el desarrollo del cultivo (aplicaciones calendario). Se debe aplicar sólo cuando aparece la plaga y si esta está presente en cantidades importantes y si no se detectan enemigos naturales de esa plaga en un número significativo. En lo posible hacer aplicaciones de insecticidas específicos para la plaga a controlar y en los focos del lote donde está presente la plaga.
- Respetar siempre las indicaciones de marbete.
- No repetir un mismo producto o productos del mismo grupo químico, más de dos veces seguidas.
- Es aconsejable el uso de coadyuvantes junto con los productos de contacto.
- Respetar el período de carencia (período transcurrido entre la aplicación y la cosecha).
En control químico es tan importante el producto que aplico como la forma correcta de aplicación:
- CAUDAL: debe ser el indicado para el cultivo y su estado (altura, follaje, etc.) logrando un buen mojado (cantidad de gotas por superficie).
- PRESIÓN: siendo adecuada se logra buen tamaño de gotas y penetración en el follaje.
- PASTILLAS: deben ser del tipo CONO HUECO, si son de plástico.
- DIRECCIONAMIENTO: debe ser el adecuado para cada plaga; por ejemplo: para insectos que viven en el envés de la hoja, los dos picos inferiores de la barra deben apuntar hacia arriba.
- AGUA DE APLICACIÓN: el rango de pH donde mejor se comportan los plaguicidas es de 4 a 6. Consultar siempre con su técnico asesor para la elección del producto adecuado y para realizar el tratamiento en el momento correcto y de la manera más eficiente.
- EPP: utilizar siempre el equipo de protección personal (EPP) indicado según la calificación del producto.
- Respetar siempre las indicaciones del Marbete.